English
Herencia y legado
Por Bob Morris
La historia de Curazao es rica en sabiduría popular y leyendas. Al igual que ocurre con la mayor parte de las islas del Caribe, inicialmente fue el hogar de una tribu de indios oriundos del continente, en este caso, los arahuacos, que emigraron de América del Sur hace unos 6.000 años en el recorrido que hicieron hacia el norte a través de la región. Los arqueólogos han descubierto cerca de 10 sitios en Curazao donde se han encontrado restos de que, en efecto, los arahuacos vivieron allí, siendo las pruebas más contundentes las cavernas Hato que tienen interesantes petroglifos que se cree se remontan a por lo menos 1.500 años. En los siglos XVII y XVIII, esta cadena de cuevas de roca caliza fue también refugio de los esclavos africanos que escapaban en busca de libertad.
Hay muchos relatos que tratan de explicar cómo Curazao adoptó su nombre. Uno de ellos cuenta que en 1500, mientras efectuaba una expedición para trazar el mapa de la costa de Suramérica, el explorador español Alonso de Ojeda dejó a varios de sus hombres en la isla después de que enfermaron de escorbuto. Cuando al cabo de varios meses regresaron barcos a buscarlos, vieron que los marinos estaban muy bien de salud y ya sin la terrible enfermedad, gracias a la gran cantidad de frutas con vitamina C que comieron en la isla. Fue entonces que De Ojeda decidió bautizar la isla con una palabra arcaica por "cura". Una historia más probable, no obstante, es que la llamaron en un principio "Corazón", y que luego los cartógrafos portugueses distorsionaron la palabra y terminaron por llamarla "Curaçao".
Tras llegar a la conclusión de que la isla no tenía oro ni agua fresca suficiente para establecer granjas grandes en ella y dedicarse a la agricultura, los españoles finalmente abandonaron Curazao, lo que le dejó abierto el camino a la Compañía de las Indias Occidentales Holandesas, que en 1634 reclamó la tierra. El primer gobernador fue Peter Stuyvesant, que posteriormente partió a colonizar el nordeste de Estados Unidos y fue uno de los fundadores de lo que hoy día es la Ciudad de Nueva York.
Los primeros colonizadores holandeses levantaron las típicas casas de Willemstad en el puerto y las construyeron una al lado de la otra para así poder ahorrar tanto espacio como dinero. En aquella época, sin embargo, las casas no tenían los bonitos colores que tienen en la actualidad. En un principio, fueron pintadas de blanco y las preciosas fachadas en fabuloso technicolor que admiramos actualmente no se conocieron hasta mucho después. El cambio se atribuye a Albert Kikkert (conocido también como Froggie), por aquel entonces gobernador general de las islas, y también una figura con fama de extravagante. Se dice que Kikkert atribuía sus habituales dolores de cabeza al intenso resplandor de las blancas casas, y fue por eso que en 1817 decretó que se pintaran en diferentes tonos pasteles, una orden que a la larga terminó por alegrar el paisaje con muchos colores y que desde entonces aparece continuamente en todas las tarjetas postales y fotografías que se toman de la ciudad.
El puerto de aguas profundas de la isla, así como su estratégica ubicación, hicieron que fuera un sitio muy apetecido por otros países, y en dos ocasiones diferentes los ingleses se apoderaron del control de Curazao hasta que finalmente, en 1815, se la entregaron a Holanda a través del Tratado de París.
La isla languideció, sin embargo, hasta 1920, fecha en que se descubrió petróleo en la costa de Venezuela y Curazao pasó a convertirse en uno de los principales centros de la región para refinar petróleo.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Curazao se convirtió en el centro administrativo de las Antillas Holandesas, a las que también pertenecen Bonaire, Saba, Sint Eustatius y Sint Maarten.
Historia en cada rincón
A la hora de proteger sus sitios históricos más queridos y admirados, Curazao cuenta con uno de los movimientos preservacionistas más rigurosos de todo el mundo. Bajo la dirección de la Pro Monument Foundation, una organización creada en 1993 y mejor conocida como ProMo, en toda la isla se han detectado y designado para ser protegidos cientos de lugares notables. Los celosos preservacionistas de Curazao han intervenido más de una vez para detener una gran cantidad de proyectos urbanísticos que hubieran amenazado seriamente el singular e histórico paisaje de Willemstad, e incluso han ganado decisiones en los tribunales para exigir a los urbanizadores la reconstrucción de algunos monumentos, como ocurrió, por ejemplo, con De Vijf Zinnen, una importante mansión clásica que se demolió de forma ilegal. Todos los años en el mes de mayo, ProMo patrocina un día llamado Día de los Monumentos para destacar la estupenda herencia de la isla y entusiasmar a los curazoleños y los turistas a visitar y conocer los muchos rincones históricos.
La dedicación de Curazao a la preservación histórica fue resaltada por la campaña que realizó durante 10 años para lograr que su hermosa capital, Willemstad, fuera proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Mundial de la Humanidad, designación que le fue concedida en 1997. Con más de 700 monumentos existentes en la Zona Histórica, Willemstad se divide en cuatro distritos representativos: Punda, emblemático del siglo XVII; Otrobanda, del siglo XVIII, y Pietermaai y Scharloo, cuyas edificaciones datan del siglo XIX.
Entre los monumentos más notables de Willemstad se encuentran:
- La Sinagoga Mikvé Israel-Emanuel: construida en 1732, tiene el honor de ser la sinagoga más antigua y en uso continuo en todo el hemisferio occidental.
- El puente flotante Queen Emma: construido en 1888, es el puente peatonal flotante más largo del mundo (213 metros) y conecta a Punda con Otrobanda.
- Fort Amsterdam: Esta fortificación en forma de trapezoide, levantada en 1635, es en la actualidad la sede del gobierno de las Antillas Holandesas y en ella se halla el Palacio del Gobernador.
También vale la pena visitar las landhuizen, las regias mansiones campestres de los colonizadores holandeses acaudalados, que se remontan al siglo XVII. Por toda la isla hay más de 80 landhuizen, muchas de las cuales están rodeadas de imponentes paisajes. Entre ellas sobresalen Jan Kok, edificada en 1654 y la más antigua de toda la isla, y Chobolobo, el hogar del célebre cordial Curacao, que al igual que las magníficas y emblemáticas casas de Willemstad, se caracteriza por sus atractivos colores rojo, verde, naranja y azul.
|