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| Curaçao es la más "holandesa" de las Antillas Holandesas, y también la más colorida, con sus suntuosas mansiones que han sido restauradas y las pequeñas casas pintadas en tantos y tan brillantes tonos de colores que recuerdan al arcoiris. Sin embargo, no hay nada de "viejo mundo" en lo que se refiere a sus hoteles y centros turísticos, si bien algunos han incoporado partes a su arquitectura. |

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| Resulta casi imposible visitar Curaçao y no dedicar gran parte del tiempo al aire libre. ¿Cómo pasar esas horas? A pesar de ser una isla pequeña, Curaçao ofrece una plétora de actividades deportivas. Ya sea en tierra o en el agua, los vacacionistas activos pueden escoger entre un sinfín de opciones, desde la natación y el buceo con esnórquel hasta el montañismo y los paseos a caballo. |

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| Curaçao es un país abundantemente rico en sabores, con una amplísima selección de cocinas que van desde los autóctonos platos curazoleños (llamados krioyo) hasta exquisiteces europeas y asiáticas. La isla tiene un sinfín de restaurantes de primera clase, cada uno con una personalidad diferente. |

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| La herencia comercial de Curaçao se refleja en sus numerosas tiendas y boutiques, las cuales están repletas de mercadería de calidad que proviene de alrededor del mundo, incluyendo desde quesos holandeses y chocolates hasta telas y tallados de Indonesia. Es divertido buscar ofertas y souvenirs en los coloridos mercados, así como también en tiendas ubicadas dentro de edificios centenarios u almacenes. |

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| La reputación que tiene Curaçao de ser un país amistoso, íntimo y con un sinfín de centros turísticos formidables, es muy merecida y se complementa perfectamente con la de su vibrante y cada vez más creciente sector financiero, un campo en pleno desarrollo que tiene lazos directos o vínculos muy cercanos con muchísimas empresas importantes internacionalmente reconocidas y de infinidad de países. |

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